Ricardo Tapia Z. (1)
Como ya lo han afirmado múltiples estudios, el país puede darse a la tarea- y en eso está- de mejorar el parque habitacional construido. Así esta dando cuenta de una de las fases del proceso habitacional: el uso, administración y mantención del hábitat residencial habilitado. Aspecto no menor, puesto que es una de las pocas veces en que una política habitacional destina gran cantidad de recursos y opta por lo mismo, en mejorar cualitativa y cuantitativamente el patrimonio familiar y nacional.
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El deterioro del parque habitacional construido es un problema siempre presente en toda política habitacional para el cual se requiere de acciones que lo reviertan. No se debe olvidar que en la historia habitacional chilena y como consecuencia de la aplicación de las leyes de Fomento de la Edificación Obrera y la Junta Central de Habitación Popular, ya a comienzos de 1930, su normativa consideraba "la reparación de viviendas consideradas insalubres...terminación de obras empezadas por los interesados y pagos de predios que se adquieran o expropien para la construcción y mejoramiento de habitaciones".(2)
Ya hace varios años que el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, MINVU, estaba intentando llevar a a cabo este tipo de iniciativas cuando el mejoramiento habitacional fue un articulado más del Programa Especial de Trabajadores, PET. En esa oportunidad, esa iniciativa no resultó debido a que tenía un componente de subsidio muy pequeño y para obtener un financiamiento mayor obligaba a los postulantes a contraer un crédito hipotecario. En esa época la Unidad de Fomento, UF estaba inestable y a los habitantes interesados les resultaba más conveniente y menos riesgoso mejorar sus viviendas a través de un crédito bancario de consumo u otros instrumentos financieros.
Más tarde y debido a la crisis de la calidad constructiva que marcó el hito de 1997 se profundizan y aumentan los estudios, diagnósticos e iniciativas gubernamentales referidas a evaluar la calidad del hábitat construido y aparecen nuevos programas dirigidos a mejorar los condominios de viviendas sociales en su dimensión física. Ese proceso y la insuficiencia de las iniciativas emprendidas llevan a las distintas administraciones gubernamentales a seguir perfeccionando la atención a la fase del uso, administración y mantención del parque habitacional construido, llegando hasta el actual PPPF.
Hoy el PPPF avanza más allá de la escala micro del hábitat – la vivienda- y destina recursos para mejorar el entorno inmediato a la vivienda. Aunque se valora la intención y se reconoce el mérito de ello, los resultados de postulación de los interesados – el primer llamado piloto de 2007- ratifica lo que estudios ya han concluido y es que el habitante privilegia el mejoramiento de su vivienda en primera prioridad antes que el mejoramiento de su entorno. Postular en forma colectiva supone contar con una capacidad que supere los meros lazos de vecindad para constituirse en comunidades que asumen roles institucionales y gestionar proyectos en beneficio de un grupo que ha logrado producir trasformaciones físicas en los entornos inmediatos. En este sentido falta analizar y responder a preguntas: ¿Cómo incentivar la participación vecinal y comunitaria orientada al mejoramiento de los entornos a la vivienda? En parte, la respuesta a ello no se da por el solo hecho de que un grupo de vecinos cuente con el apoyo de un Prestador de Servicios de Asistencia Técnica, PSAT. En este plano el PPPF, compite con otros programas sociales canalizados a través de gobierno local- proyectos de mejoramiento de las condiciones de seguridad ciudadana, o de áreas verdes- por ejemplo, que apuntan a lo mismo. Se produce entonces, una suerte de sobre-oferta en los territorios locales y sus habitantes y los agentes para discriminar – los PSAT- son instancias ajenas al conocimiento de las lógicas de constitución de comunidades. En otros casos, tales instancias no existen, como ocurre en las regiones cercanas a los extremos del país, IV a I Región por el norte y desde la X a XII por el sur que dejan a esas familias chilenas con mínimas o nulas alternativas de acceso a la oferta señalada.
Caso similar se da en la vivienda rural, insuficientemente presente en este programa debido a la poca cobertura de PSAT para ellas, por desconocimiento o falta de información sobre el PPPF y porqué incluso sus municipios no acceden a la información o no la difunden.
En cuanto a las familias y sus viviendas en el primer llamado 2007, un 74, 6% de las postulaciones para el Título III de PPPF fue utilizado para ampliar un dormitorio en viviendas existentes construidas desde el año 2000 en adelante. A este respecto faltan datos para saber a que respondió este fenómeno. El estándar de las viviendas construidas desde ese período ¿fue insuficiente en superficie? ¿o es que no postularon familias habitando en viviendas más antiguas, debido a que ellas pertenecen a segmentos etários mayores que no requieren de un nuevo dormitorio? ¿Porqué no postularon viviendas de mayor antigüedad? Tras las respuestas pueden encontrarse explicaciones que pueden colaborar a mejorar las orientaciones y operatorias del PPPF.
Otra característica del PPPF guarda relación con las condiciones exigidas para postular. Los postulaciones junto con la presentación de al menos un anteproyecto de mejoramiento debe ir acompañada del compromiso formal de un ejecutor- contratista o empresa constructora inscrita en los registros respectivos del MINVU- que asegure la aplicabilidad de los subsidios para el mejoramiento que se entregará. Esta condición permite asegurar de mejor modo la utilización del subsidio más allá de su adjudicación. Sin embargo habrá que poner atención al comportamiento de este agente -.el constructor- pues se asiste a un hecho inédito en la gestión de los programas habitacionales: la irrupción de pequeños constructores que inauguran un proceso constructivo caso a caso, no exento de dificultades técnicas constructivas y financieras.
Este hecho conlleva oportunidades y amenazas. Las oportunidades aluden a que las políticas habitacionales y sus operatorias permiten la generación de nuevas fuentes de trabajo para el pequeño constructor que puede ser incluso un mismo habitante y poblador. En cierta medida se avanza a una mayor equidad, aunque ella se derive de la aplicación de políticas públicas y no por “chorreo” del modelo desde el sector privado. Las amenazas tienen relación con la vulnerabilidad y fragilidad de constitución legal, sostenibilidad técnica y financiera de estos pequeños constructores para operar en pequeña escala y con reducidos márgenes de utilidad en un contexto de nuevas exigencias normativas para la vivienda y relativas a mayores exigencias de acondicionamiento físico- ambiental y de calidades de terminación. Habrá que monitorear con suma atención estos componentes de gestión del PPPF que pueden transformarse en hitos- positivos o negativos- del programa.
El PPPF viene a instalar una vez más, el tema de la participación ciudadana y la gestión del hábitat. Las exigencias derivadas del reglamento no permiten una participación real y efectiva de los habitantes en la gestión del programa. Aquellos se ven sometidos a propuestas de los PSAT los cuales a su vez están exigidos por las limitaciones financieras de los costos de asistencia técnica que paga el PPPF. Hay una contradicción de fondo entre el diseño del programa que en su formato aspira a la participación del habitante y la operatoria del mismo, llevado por un agente privado- el PSAT- bajo una lógica que incorpora el lucro, legítimo por lo demás. Pensar por ejemplo en diseño participativo, implica metodologías y tiempo de trabajo con los habitantes que son limitados por los términos de referencias de las condiciones financieras de los costos de asistencia técnica, idealmente de tipo interdisciplinario. Todo ello puede llevar a una insatisfacción de los habitantes por los resultados finales obtenidos cuando éstos no responden cabalmente a las aspiraciones más profundas o a los sueños que hay en la vivienda como satisfactor sinérgico de necesidades existenciales.
Caso aparte y relacionado con el PPPF lo constituyen los condominios de vivienda social. Ellos no tienen cabida eficaz en el programa, en particular, en el Título III del Programa, “Ampliación de la Vivienda”. Los montos de subsidios definitivamente no alcanzan a responder a las aspiraciones de los copropietarios de departamentos de reducido estándar de superficie habitable. Urge una consideración aparte para esta tipología habitacional y forma de habitar, creciente en las grandes ciudades y metrópolis de nuestro país. Lo ratifica, por ejemplo, uno de los barrios críticos o vulnerables del Programa gubernamental “Quiero mi Barrio”, población Las Viñitas en la comuna de Cerro Navia en Santiago de Chile, en donde el mejoramiento del estándar habitable en superficie, es la necesidad más urgente y demandada por los vecinos. En estos casos, el mejoramiento de estos estándares se trasforma en el factor de primera importancia para el inicio de un mejoramiento del barrio. A la luz de esta experiencia, el caso de la población Las Viñitas, se precisa de una fuerte interrelación en ambos sentidos entre el PPPF y el Programa Quiero mi Barrio. Ambos programas actúan sobre diferentes escalas del hábitat residencial y se potencian mutuamente.
A continuación se proponen algunas acciones referidas al problema del habitar en copropiedad y su relación con el PPPF:
• Realizar un catastro nacional del Parque Habitacional Construido, Vivienda Social, modalidad Copropiedad. Evaluar alternativas de mejoramiento, sin descartar la demolición.
• Realizar los diagnósticos con la participación de los habitantes.
• Entender que la vivienda es parte del hábitat residencial. Involucra el entorno inmediato, el vecindario y la comunidad
• Para una familia allegada: ¿Qué implicaciones sociales, económicas y culturales conlleva el vivir en copropiedad?
• Las transformaciones físicas del hábitat residencial por si solas, no resuelven en su totalidad la aspiración de una buena calidad de vida. Es conveniente activar metodologías de intervención integrales, multifactoriales en los barrios vulnerables, con la efectiva participación de todos los actores involucrados.
Avanzar al desarrollo de políticas públicas interconectadas, que operen desde nuevos modelos teóricos comprensivos del hábitat. Rompimiento de la lógica sectorial en el diseño de tales políticas.
El PPPF es una potente iniciativa de la cual hay mucho que aprender
1. Académico INVI
2. Hidalgo, R:. La Vivienda Social en Chile y la construcción del espacio urbano en el Santiago del siglo XX. Santiago de Chile. Pontificia Universidad Católica de Chile: Centro de Investigaciones Barros Arana. Colección Sociedad y Cultura. Santiago de Chile. 2005.: 149. 503 pp.